Fredy Massad

Entre el 15 y el 17 de noviembre de 2023 tuvo lugar en Pamplona la séptima edición del congreso «Arquitectura y Sociedad». El título de esta edición fue «Controversias urbanas». Entre los participantes, especialistas procedentes de todo el mundo y de diversos ámbitos, destacó la intervención de la arquitecta nigeriana Olajumoke Adenowo. Con un discurso firme, claro y muy sólido, Adenowo rebatió por completo esa visión eurocentrista que erróneamente insiste en entender al continente africano como una cuestión homogénea y un escenario débil y necesitado de protección y supervisión. Inteligente y cosmopolita, con una prestigiosa trayectoria de más de tres décadas y una filosofía arquitectónica propia, condensada bajo la denominación Neo-Heritage, Olajumoke Adenowo es una importante voz a escuchar y de la que, sobre todo, aprender.

¿Qué te condujo a emprender estudios de Arquitectura y qué conceptos han constituido una inspiración clave para ti?

Para explicar qué es lo que me motivó a estudiar Arquitectura, señalaría tres razones. A los 3 años viajé por Europa y Gran Bretaña con mis padres y uno de los lugares que visitamos fue el Palacio de Versailles. Los grandes edificios de París la Torre Eiffel y me impresionaron hondamente. Mi segunda motivación fue la gran influencia que tuvo sobre mí el campus de la Universidad Obafemi Awolowo (Ife, Nigeria), diseñado por Arieh Sharon, un arquitecto formado en la Bauhaus. Viví, hice mis estudios primarios y universitarios en este campus, un lugar donde el impacto muy directo de la arquitectura era ineludible: vivíamos, trabajábamos, estudiábamos en ella. En tercer lugar, fue mi capacidad tanto para las asignaturas de ciencias como las relacionadas con las letras y las artes. Me pareció que la Arquitectura era la carrera que aunaba ambas facetas, en la que mejor iba a poder expresar mi creatividad y también esa parte más científica. Concibo la arquitectura como una conexión entre ciencia y arte. Es una ciencia creativa.

Respecto a los conceptos sobre los que me baso, al sentirme muy arraigada en mi tradición y también a lo global gracias a esas experiencias que he vivido ya desde una edad muy temprana, mi bagaje de conocimiento se ha formado gracias a muy variadas influencias. Para mi arquitectura, me he basado en la idealización de mis ancestros, algo que denomino «heritage design ideation» y de lo que derivo los siete principios de diseño llamo «Neo-Heritage»y que aplico para resolver problemas contemporáneos dentro de la arquitectura africana.

Me baso en esos principios de diseño tradicionales y lo que propongo no es en modo alguno un ejercicio de mimética. No se trata en absoluto de copiar. Copiar formas y/o materiales es el planteamiento desde el que convencionalmente se tiende a dar una interpretación contemporánea de la arquitectura tradicional africana. Cuando un arquitecto simplemente se limita a copiar la arquitectura africana, si ve un tejado vegetal, harán un tejado vegetal. Esta no es la mejor forma de actuación, ya que lo crucial es aprender el principio que subyace a esta solución a fin de utilizar forma y material para lograr el mismo resultado que esa solución arquitectónica tradicional. Otro ejemplo podrían ser los tejados salientes; no es preciso construir un tejado saliente, lo importante es comprender que se necesita para sombrear las paredes del edificio a fin de evitar un exceso de carga térmica. Una vez entendido esto, el planteamiento puede variar, construyendo teniendo en cuenta la orientación del sol para evitar recibir su luz directa puede ser una solución. Mi actitud, mi planteamiento, es el de aprender de la tradición a la que pertenezco, profundizar más allá de la forma y la materialidad para destilar los principios que mis ancestros aplicaban y aprovechar sus beneficios, desplegándolos en el diseño de mis edificios para obtener los mismos efectos.

¿Cuáles son esos siete principios que definen tu concepto Neo-Heritage?

El primero es la Luz.

Escaleras coronadas por una claraboya en la sede de AD Consulting Studio, despacho de Olajumoke Adenowo. (Fotografía: Emmanuel Oyeleke)

Mis espacios se iluminan con luz natural, luz del día, de manera que no sea necesaria la luz eléctrica. Antaño, nuestros antepasados trabajaban con la luz solar para iluminar sus espacios durante el día. El aura de sus espacios variaba, era distinta de día y de noche. En mis edificios sucede lo mismo. Trabajo con luz natural para crear este efecto.

El segundo aspecto es el Zeitgeist. ¿Cuáles son las aspiraciones de este momento? No voy a diseñar hoy un edificio en barro, puesto que no va ser un tipo de arquitectura que vaya a ser comercialmente popularizada o adoptada, sino que va a limitarse a permanecer dentro de los círculos de exposiciones de arquitectura; de modo que, por ese motivo, voy a construir usando hormigón y otros materiales con los que esta actual generación de africanos pueda identificarse. Mis conceptos surgen de un proceso de ideación que se basa en la tradición y las aspiraciones de un continente en el que el 70% de su juventud tiene menos de 30 años. Es crucial tener presente ese dato. Es preciso que crezcas junto a esa población o, de lo contrario, tus ideas no funcionarán.

El tercero es lo que denomino «Arte Funcional». El concepto del «arte por el arte» no existe en África. Aquí en mi despacho tengo un enorme friso cuyo propósito es sobre todo es prevenir la entrada de ladrones;

Friso creado como elemento garantizador de seguridad en la sede de AD Consulting Studio, despacho de Olajumoke Adenowo. (Fotografía: Emmanuel Oyeleke)

es arte, pero se trata de una pieza artística con una función. El modo en que nuestros ancestros empleaban el arte sería, por ejemplo, para describir a sus antepasados. Esas marcas hechas sobre la piel, que peyorativamente son llamadas «escarificación», son en realidad formas de identificar la tribu a la que una persona pertenece, especialmente en aquellos tiempos en que las gentes eran raptadas durante la guerra. Esas marcas eran maneras de ayudar a rescatar a aquellas personas cuando se las encontraba, porque permitían saber con certeza cuál era su lugar de procedencia. En síntesis, ninguna forma de arte estaba desligada de una función, siempre tenía una.

El cuarto aspecto es la Veracidad Contextual: el edificio siempre debe ajustarse a su contexto.

Olajumoke Adenowo. Sede de Rain Oil Headquarters (Lekki), respetando su contexto residencial. (Fotografía: Emmanuel Oyeleke)

No se trata de construir algo que destaque, un pilar en medio de ninguna parte o cualquier otro elemento construido como una forma de llamar la atención sobre mi arquitectura. Creo que el mundo es una aldea global; sin embargo, en esa aldea o ciudad global hay vecindarios y, como sucede en nuestras ciudades, cada vecindario es diferente.

El quinto aspecto es que practico lo que se llama «Diseño sensible al clima». Los edificios deben responder al clima en el que se encuentran. No puedo diseñar como si estuviese en Londres, donde la principal preocupación es el aislamiento térmico. Aquí, mi preocupación principal es que haya una rápida circulación de aire dentro de mis edificios y también proporcionarles sombra.

Olajumoke Adenowo. Asamblea Guiding Light (Ikoyi). Sistema de ventilación inducida. (Fotografía: AD Studio)

Este principio tiene también un impacto sobre la sostenibilidad y ayuda a minimizar la dependencia de combustibles fósiles con objeto de adaptarlos al confort humano.

Otro aspecto es el Gesamtkunstwerk, el concepto de obra de arte total. Cuando diseño hago exactamente igual que hubieran hecho nuestros ancestros: diseño todos los aspectos visuales, no sólo la arquitectura. Me ocupo del interiorismo, del arte… Considero todos y cada uno de los aspectos estéticos.

Olajumoke Adenowo. Sede de Rain Oil Headquarters (Lekki). Escultura abstracta. (Fotografía: Emmanuel Oyeleke)

El séptimo aspecto es la Cuarta Dimensión: la dimensión intangible. Esta es una dimensión que no puede mesurarse, que es irracional, y constituye una parte muy importante de la arquitectura africana. Entras en un espacio y ese espacio te transmite una sensación, un sentimiento. No puedes explicar exactamente cuál, pero ahí está: es algo que te hace sentir «este espacio es sagrado» y que, automáticamente, bajes la voz.

Estos son los principios que he aprendido de mis ancestros y que aplico siempre, indistintamente de cuál sea la forma resultante del edificio que diseño.

Predomina una perspectiva tremendamente eurocéntrica a la hora de celebrar el valor que tienen arquitecturas construidas en países africanos o iberoamericanos. Esta perspectiva eurocéntrica y primermundista tiende a ser sumamente autocomplaciente y también arrogante que comete terribles equivocaciones. Uno de ellos es tener una concepción homogeneizada de África, algo tremendamente erróneo.

Así es, y me gusta mucho encontrarme ante esta pregunta. Es cierto, existe una visión homogénea. África no es una única entidad, sino un continente que está integrado por muchos países. No obstante, sí es cierto que hay ciertos principios comunes en la arquitectura que se construye en África y ese es el motivo por el que cuando escribí mi libro planteé Nigeria como un caso de estudio para África. Por ejemplo, el clima es una consideración común a toda la arquitectura tradicional africana. En todos los países del mundo, se ha construido tradicionalmente teniendo el clima autóctono como referencia. Los esquimales han diseñado los iglús para mantener el calor en el interior de sus casas y nosotros, como he dicho, hemos diseñado arquitectura que mantenga el calor fuera de ella. Tradicionalmente, toda la arquitectura vernácula africana ha dependido de materiales fácilmente obtenibles, una forma de hacer que tiene también la ventaja agregada de crear edificios que son absolutamente sostenibles. En algunas partes de Camerún ese material será la hierba. En el norte de Nigeria, ese material a mano va a ser la arcilla y los subproductos de sus actividades comerciales, como el residuo de los procesos de tintura en color índigo de tejidos. Se emplea también el residuo del tratamiento de pieles de animales para convertirlos en cuero como material para proteger de la lluvia o como adherente. Son, por lo tanto, pueblos que practicaban la arquitectura sostenible porque usaban materiales de proximidad, no tenían huella de carbono y todos los edificios regresaban a la tierra. Todo eso son aspectos comunes a la totalidad de África. Sin embargo, esa mirada eurocéntrica que se centra únicamente en materiales y forma no es en absoluto la correcta.

Las formas de la arquitectura en África son extremadamente diversas. En el norte de Nigeria encontramos la arquitectura Hausa, con una decoración externa en los edificios consistente en llamativos relieves, mientras que en el sudoeste, y debido al ethos de la gente, la arquitectura de los yoruba, que no son somos personas amantes de la estridencia y lo llamativo, sino que tienen un carácter algo más aristocrático y diplomático, la arquitectura las residencias de monarcas y nobles presentaba algo de decoración exterior, pero esta era mucho más abundante en el interior. Las residencias reales y nobiliarias estaban sobre todo ornamentadas en el interior. Puertas, dinteles, postes y columnas estaban tallados. Esta ornamentación narra una historia y también invoca la cuarta dimensión, confiere una dimensión intangible pero muy vívida al espacio.

En el antiguo palacio abandonado del Rey en Idanre hay un patio con cariátides representando a mujeres sosteniendo sus senos, una representación que alude a las bendiciones procuradas por lo femenino.

Estas cariátides vierten sobre el monarca bendiciones que fluyen de las mujeres de la tierra, bendiciones de maternidad, de la fertilidad de las dadoras de vida. Están en posición arrodillada porque tanto esta postura como el seno femenino son muy importantes en la cultura. En la tierra yoruba cuando una mujer quiere bendecirte desde lo más hondo de su corazón, pondrá su mano sobre su seno, y lo mismo hará si quiere maldecirte. Hay también cariátides representando mujeres con abanicos, algo que simboliza, dentro de un clima cálido como este, la expresión de un deseo de bienestar, de una vida agradable y confortable. Esas mujeres enarbolan sus abanicos como expresión de una bendición que alivia del calor y de cualquier malestar.

Este es el tipo de enseñanzas que me ha aportado mi tradición. Son elementos que se encuentran presentes por toda África, pero el resultado varía muchísimo en lo que respecta a selección de materiales y expresión formal. Por ello insisto en que no se trata simplemente de volver a copiar las formas y los materiales, sino que es preciso entender los principios que hacen nacer esas formas y escoger los materiales.

La gente usaba materiales que tenía a mano, razón por la que en Gran Zimbabwe usaron piedra y no barro. Por eso sería absolutamente incorrecto decir: «Hago arquitectura africana, por eso empleo barro». La razón por la que se usaba barro en determinadas áreas era debido a su abundancia en ellas. En Kano (Nigeria) se empleaba barro, pero a finales del siglo XIX Kano era un lugar con una población de 4.000 personas. En la actualidad viven en Kano más de 20 millones de personas. ¿Cómo usamos barro para proporcionar vivienda a esa cantidad de población? Destruiríamos la ecología si lo hiciéramos. Un centímetro cúbico de suelo barroso tarda 200 años en hacerse. Por eso, no tengo la menor duda de que si nuestros ancestros vivieran hoy, y siguiendo sus principios, habrían encontrado la manera de construir en plástico. Es el principio en donde descansa todo el sentido del uso del material. Bambú, plástico, material reciclado…Economía circular.

Ayudar a la arquitectura africana, o ser fiel a ella o representativo de ella, o plantear una reflexión sobre la tradición arquitectónica africana no es en absoluto reflexionar sobre cómo nuestros ancestros solucionaron sus necesidades de materialidad.

Es indudablemente la explicación más clara respecto al sentido de lo que significa construir sosteniblemente y en la que entender nítidamente el porqué de la equivocada actitud con que muchos arquitectos europeos han estado yendo a países de África en los últimos años, desde que el interés de la arquitectura, debido a los efectos de la crisis económica de 2008, se desplazó de los grandes edificios-ícono a la arquitectura que estaba produciéndose en países en desarrollo de África e Iberoamérica. Camuflada bajo la aparente buena voluntad con que muchos arquitectos occidentales han estado aterrizando en los últimos años en estos países late una cierta arrogancia, la de creerse que llegan a esos lugares a «enseñar». Has recalcado antes la importantísima dimensión espiritual, sagrada, de elementos incorporados a la arquitectura y que trascienden la función decorativa. Comprender profundamente el significado y sentido que esos elementos tienen requiere de un esfuerzo intelectual y emocional muy complejo, enfatizando aún más en esa idea que has reiterado: no se trata meramente de copiar. Tu explicación refleja cómo es necesario reconocer dentro de la arquitectura construida en África una capa de enorme y profunda complejidad.

Exacto, se trata de otra capa. Y no es una capa que pueda expresarse según parámetros XYZ, sino algo intangible que te afecta cuando entras en un espacio. Hay que atender a cómo el cerebro humano ve el espacio y cómo los ancestros establecían una comunión con él; quizá no entendían conscientemente qué estaban haciendo, pero establecían un contacto con él que implicaba ser envuelto por él, de asombro y maravilla. La emoción de entrar en un espacio sagrado. Cuando entramos en una gruta debemos agacharnos, adentrarnos tal vez en la penumbra o la oscuridad, y en esos espacios percibimos una cierta presencia de lo misterioso. Y, en efecto, hay algo misterioso, no se trata de un espacio ordinario.

Hay arquitectos que dicen «voy a África» en busca de experiencias nuevas y distintas y la cuestión es que Europa colonizó la mayor parte de África. Europa enseñó a África a dar la espalda a su tradición y adoptar formas de hacer europeas, y ahora el norte global quiere volver y encontrar un África inmaculada, impoluta. Ninguna persona que esté tratando de replicar literalmente el pasado puede ser considerada sincera, auténtica, ni tampoco un verdadero solucionador de problemas creativo. Como mucho, quienes sí tengan un grado de autenticidad te ofrecerán una mezcla de las nuevas formas que África fue forzada a adoptar y de lo que permanece en el centro de nuestro ser africano. No es posible volver el tiempo atrás y regresar a aquel momento en el que existían todas aquellas cosas que los europeos eliminaron del continente. El zeitgeist no puede ser obligado a retroceder doscientos años porque aquella trayectoria es justamente lo que vosotros interrumpisteis. El auténticamente creativo ahora innovaría una mutación del efecto de la colisión del norte global y África. El sentimentalismo, el deseo nostálgico de volver atrás no podría proporcionar autenticidad alguna.

En sustancia, no es algo muy distinto a un nuevo intento de colonización. Como decía, un mal disimulado complejo de superioridad. ¿Es absolutamente necesario replicar, combatir a esa forma de ejercer una nueva imposición? Comprender esencialmente esos principios de la tradición implica acercarse con humildad, con respeto a ella y a quienes la conocen porque les pertenece. No se trata de creer que se trata de un conocimiento que dependa de una comprensión racional, sino que depende de poseer una cierta sabiduría, unas cualidades humanas que permitan entender y respetar profundamente todos los fundamentos del que procede y se manifiesta ese conocimiento.

Humildad y respeto mutuo, he ahí las claves. Si quiere aprenderse de alguien, es preciso respetarlo y creer firmemente en que tiene algo que ofrecerte, menos de eso sería algo similar a una colonización sutilmente creativa. En mi opinión, es como una forma sutil de decirnos a África otra vez: «Esto es lo que queremos ver que creáis», en lugar de respetar nuestro zeitgeist.

¿Qué opinión te ha merecido entonces el tratamiento del tema de África y la diáspora africana en la Bienal de Arquitectura de Venecia de 2023?

La propuesta en sí no me parece mala, pero me parece que el planteamiento con que ha sido concretada podría haber sido diferente.

Dentro de ella, y quizá con una sola excepción, un artista visual, el resto de arquitectos y artistas nigerianos que participaron en ella no trabajan sobre su suelo.

Luego, la pregunta es: ¿cómo representas a África dinámicamente y de forma efectiva desde fuera de África?

Se necesitan rigor y diligencia para descubrir África. Para descubrir África se requiere paciencia, es necesario respeto, es necesario explorar. Se necesita eso que en inglés se manifiesta con la expresión «boots on the ground»: es decir, estar presente en el lugar y trabajando activamente en él para entenderlo y entender sus actuales necesidades. No es el ADN lo que te hace africano, sino estar verdaderamente acorde con el zeitgeist de África. Para diseñar para África es preciso entender su zeitgeist, sus aspiraciones, y es imposible conocer todo eso si no se vive en África. No puedes entender mi dolor si no lo compartes. No entenderás que necesito ventanas amplias porque necesito iluminar mi casa mediante luz diurna natural. No puedes venir a África para una estancia de dos semanas y creerte que has llegado a comprender a fondo el clima, por ejemplo, porque el clima es la historia meteorológica de un área determinada a lo largo de 30 años.

Más arquitectos africanos y activos en África dentro de esta exposición habrían podido brindar una mirada más auténtica a lo que hoy es África.

Se necesita más paciencia, más diligencia, más esfuerzo y trabajo duro, más autenticidad. Más diligencia, insisto, porque es preciso investigar e interrogar para así entender verdaderamente qué está sucediendo en África. Y esto era algo que sí sucedía genuinamente en los tiempos anteriores a Internet. La universidad donde estudié era un crisol de culturas, con personas procedentes de todo el mundo viviendo en África, descubriendo África, investigando y escribiendo sobre África desde África, porque África sólo se revela a aquellos que la abrazan y acogen en sí con respecto, empatía y amor.